Elastica: del hurto al éxito

Lo reconozco. El britpop, así, como concepto, no me interesa demasiado. Aviso: tiro de cliché. Me huele a maniobra comercial, a dirigentes de compañías discográficas jugando a contar dividendos mientras se meten farla, cuidándose, o no, de que sobre algo para los grupos (de dinero y de farla). También reconozco que hay algunos grupos, o mejor, algunos discos de algunos grupos, que sí merecen la pena en términos musicales, pero este artículo no trata de eso. Trata de mi a veces irracional desdén por un género que no considero tal, y de cómo uno de sus exponentes, el grupo Elastica, se valió de plagios groseros para alcanzar el éxito masivo en lo que para mí representa un buen ejemplo de la vacuidad del mercado discográfico, de los grandes sellos y de los grupos que protagonizan sus macabros juegos. 

Después de quedarme a gusto, he de reconocer que yo era de aquellos que escuchaban gustosamente “Connection” en el walkman cuando sonaba en aquel mítico y noventerísimo recopilatorio Vértigo, aunque nunca tuve intención de escarbar en su discografía. Años más tarde me adentré en el postpunk de finales de los 70 con el que bandas como Gang of Four, Chrome, Magazine, PIL o Wire tomaban un necesario desvío y reformulaban el minimalismo punk, despojándolo de innecesarios purismos. Precisamente una canción de Wire, “Three girl rhumba”, hizo que me echara las manos a la cabeza: el riff inicial y los primeros compases de batería eran iguales a los de “Connection”. Idénticos más allá de la naturaleza sintetizada del riff de Elastica. Era evidente que algo tenía que haber ocurrido al respecto.

Hablemos brevemente sobre Elastica y las circunstancias que rodearon su creación y posterior éxito. Justine Frischmann (guitarra) y Justin Welch (batería) abandonaron Suede en 1991 y poco después, junto a Annie Holland (bajo) y Donna Matthews (guitarra), formaron Elastica. Bajo el auspicio de Paul Lamack de Deceptive Records, uno de los dj’s que por aquel entonces más influía en las agendas culturales de Gran Bretaña, y la consiguiente campaña promocional en la BBC, pronto se convirtieron en una de las revelaciones del incipiente britpop. En octubre de 1993 se editaría el primer single de la banda, “Stutter”, que generó una tremenda exposición mediática, tanta que fueron elegidos como la mejor banda emergente de ese año en la revista Melody Maker sin ni siquiera haber grabado un álbum. Elastica eran el epítome de lo cool; un grupo de atractivas jóvenes (y un joven) que desafiaban sin complejos el statu quo del britpop, aquel que personificaban grupos como Oasis y que premiaba algunas actitudes masculinas hoy en día percibidas como tóxicas (la ecuación fútbol, cerveza y hooliganismo), todo ello a través de una música más cáustica y directa que la gran mayoría de sus compañeros de etiqueta. En 1994 editarían otros dos nuevos singles (“Connection” y “Line Up”) y pasarían seis meses meses alejados de escenarios y prensa, abrumados por la masiva respuesta que estaba teniendo su música.

Finalmente, en 1995 Elastica saldría a la luz, convirtiéndose en el disco de debut que más rápido se vendió hasta ese momento en Gran Bretaña. Paralela a la meteórica carrera del grupo, la vida privada de Justine y su noviazgo con Damon Albarn de Blur copaba la atención de los tabloides. A mediados de los 90 no eras nadie si no conocías a Elastica.

Silencio a cambio de royalties

Una vez puestos en antecedentes, volvamos al plagio de “Three girl rhumba”. La copia era tan burda que Elastica ofreció a Wire un pequeño porcentaje de royalties para no tener que resolver el caso en el fango judicial. Los miembros de Wire no pusieron el grito en el cielo y aceptaron el trato, algo incomprensible, sobre todo teniendo en cuenta que “Connection” no es el único tema del disco homónimo de Elastica “influido” por ellos: “Line up” y “2:1” son también barruntos de “I am the fly”. “El pop es autorreferencial. Elastica son verdaderos fans de Wire y probablemente piensan que están trasladando la música que aman a una audiencia mayor”, decía en 1995 Colin Newman de Wire en declaraciones a The Independent. Una interpretación más que benigna de un plagio que generó millones.

Años más tarde la opinión de Newman cambió: “Elastica lo sampleó -el riff-, y de hecho puedo probarlo”, aseguraba en 2007 en una entrevista. Más tarde, en 2013, Colin se despachaba a gusto: “Creo que -Elastica- fueron muy deshonestas. Si yo hubiera sido ellas habría dicho a mi sello discográfico: «tenéis que buscar a esta gente porque básicamente hemos robado su canción». Y no lo hicieron. Hay alguna declaración diciendo que me hablaron y que yo les había dicho que estaba conforme, pero yo nunca he hablado…”. Las razones del cambio de parecer de Newman solo las conoce el propio Newman, aunque en la misma entrevista da alguna pista: “Vi que la canción se usaba en un anuncio de Budweiser para los juegos olímpicos de aquel año -Atlanta, infiero-, y eso supuso una masiva cantidad de dinero del que nosotros vimos un pequeñísimo porcentaje, ya que el sello discográfico negoció por el mínimo y nosotros no estábamos en una posición que nos permitiera hacer algo al respecto. La compañía que editó «Three girl rhumba» no estaba preparada para hacer un gran esfuerzo porque nosotros no éramos lo suficientemente importantes”, afirmaba un apesadumbrado Newman. Frischmann zanjaba el debate en la televisión alemana: “Creo que en los 90 es complicado no ser autorreferencial si haces música con una formación de batería, bajo y guitarra”. 

Elastica se tomaban en serio esa cacareada autorreferencialidad del pop, pues poco después tuvieron que hacer frente a nuevas acusaciones de plagio. Ya desde los primeros compases de “Waking up”, el parecido con “No more heroes” de The Stranglers es tal que negar la copia era inútil. Complete Music, la compañía de publicidad de The Stranglers, demandó a Elastica, que de nuevo evitarían los juzgados con un acuerdo extrajudicial por el que la banda y la compañía cobrarían el 40% de los royalties de la canción y su autoría pasaría a ser compartida. Las letras que Justine escribió para esta canción son de un cinismo que asusta, teniendo en cuenta las circunstancias:

I’d work very hard, but I’m lazy

I’ve got a lot of songs but they’re all in my head

I’ll get a guitar and a lover who pays me

If I can’t be a star I won’t get out of bed

El plagio no pareció importar a JJ Burnel de The Stranglers: “Sí, suena a nosotros, ¿y qué? Por supuesto que hay plagio, pero a menos que vivas en un vacío es algo que siempre va a existir. Es lo primero -la demanda- que han hecho nuestros publicistas por nosotros en 20 años, pero si hubiera dependido de mí ni me habría molestado”. Otro miembro de la banda, Jet Black, incluso tuvo palabras de agradecimiento para Elastica por la atención generada. Supongo que el porcentaje de royalties condicionó tan magnánima reacción.

La recepción de los citados singles y del primer disco de Elastica por parte de la crítica es digna de analizar. A sabiendas de que las copias eran reales e innegables, los críticos hicieron y aún hoy hacen acopio de descaro y arrestos para ensalzar la frescura de una banda que, según ellos, supo dotar de un nuevo matiz a los clásicos setenteros de Wire y The Stranglers. Así, se han podido leer cosas como que “Justine es una grandísima imitadora que supo cómo apropiarse de riffs para crear los suyos propios” (AV Club) , que «el éxito de “Connection” responde más a su feroz fisicalidad (¿Cómo?) que a una determinada sucesión de acordes” (Pitchfork) o que “puede que Elastica hayan copiado un riff aquí y allá de Wire y The Stranglers, pero no han hecho más que lo que hicieron Zeppelin con Willie Dixon o the Beach Boys con Chuck Berry” (All Music).

Compañías discográficas, crítica e incluso las propias bandas agraviadas parecieron pactar la no agresión en pro de intereses alejados de lo estrictamente musical, y todavía en la actualidad hay quienes hacen piruetas para justificar algo difícilmente justificable. “Wire era un grupo cuya política era no repetirse nunca (…), pero solo estoy jugando el papel de cínico bastardo. Ellas son solo niñas y nosotros viejos gruñones”, afirmaba Colin Newman en plena polémica por los plagios. 25 años después y visto con la perspectiva que da el tiempo, ¿quiénes fueron los cínicos?.